Informe para la Academia o los gorilas de montaña

10 julio 2009


L, siempre había sentido fascinación por Africa.

Cuando día surgió la oportunidad de un viaje a los volcanes Virungas en la frontera entre Rwanda, Uganda y Congo. Hábitat de los últimos gorilas de alta montaña .

L, era un alto ejecutivo de una de las mas importantes agencias de publicidad del país.

L, era una alto cargo del partido x.x. Democrático y nacional. Con las elecciones recién ganadas se le aventuraba una magnifica carrera.

L, era un conocido empresario de fulgurante trayectoria al que auguraban todos grandes éxitos en el futuro.

L, era yo.

L, eras tú.

A pesar de que le tentaba mucho más una semana en los Alpes esquiando sin saber bien porque se decidió por el viejo continente.

Ahorraremos los detalles innecesarios y pasaremos directamente al momento crucial y desencadenante.

L, permanecía agazapado, entre la vegetación. Envuelto en una extraña sensación que más tarde definiría como una mezcla de paz y felicidad absolutas, rodeado por una familia de gorilas de todos los tamaños y edades; comiendo, descansando, trepando a los árboles  jugando entre ellos.

L, podía oír sus gritos y el poderoso retumbar de sus pechos al golpearse con sus puños los machos.

GorilaLe habían explicado que evitara estar a menos de siete metros de ellos, pero varias veces no había podido ni querido evitar que se la acercaran a mucho menos.

Una hembra le había ofrecido tentadora una mano.

De pronto el macho dominante se dirigió directamente hacia él. Le habían insistido en que permaneciera tranquilo, se arrodillara suavemente, que aparentara comer hierba y sobre todo que no saliera corriendo y que nunca, nunca les mirara directamente a los ojos.

Fue apenas una fracción de segundo. No lo pudo evitar.

Por la noche cuando llego al campamento de repente comenzó todo. Fue como un estallido de angustia y tristeza, que como una ola surgida del centro de si mismo le subió hasta los ojos desbordandolos.

Ríos de lagrimas inundaron su mundo arrastrándolo todo y a el en el remolino.

Y lloró y lloró y sigue llorando.

Y no parará de llorar.

Y sus lagrimas llegarán al mar y nada pasará.

Ningún Juez lo absolverá.

Porque nadie nos puede perdonar.

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