Viaje al Ganges

22 enero 2009


Hace bastantes años asistí a una conferencia de F.S.D.  Entre las muchas cosas que contó, a un  público mayoritariamente femenino, recuerdo especialmente esta historia que  aseguró  le había sucedido..

De la misma forma que los jóvenes Ingleses de clase alta en el Siglo XIX realizaban el “Grand Tour” a Italia como prueba de madurez, F. y unos amigos emprendieron a finales de los 60 el iniciático viaje a la India que comenzaba ya a estar de moda …

Furgoneta DKW con su atrezo hippie correspondiente de  haz el  amor y no la guerra, flores, porros y mal olor.

008_india

Habían decidido atravesar el continente y llegar hasta el Ganges. El último día de su peregrinar había discutido con su compañera; el cansancio, la convivencia en un espacio reducido  y todas esas cosas que inevitablemente suceden en un largo viaje en coche habían provocado ya más de una pelea entre los pasajeros. De noche y ya cerca de su meta decidieron hacer en un alto en el camino, echar una cabezada  y esperar el amanecer.

F. no conseguía conciliar el sueño por lo que abrió la ventanilla y encendió un cigarrillo, tras varias caladas cuando iba a golpearlo ligeramente con la punta el dedo para desprender la primera ceniza, vio de repente  junto al coche uno de esos  santones que andan por el país  con apenas algo más que un taparrabos  y una escudilla para limosnas, le miraba fijamente y  parecía rogarle  que no arrojara la ceniza sobre el suelo en que estaban. A pesar de ello  casi en un acto reflejo sacudió  el cigarrillo  a lo que el santón reaccionó extendiendo con rapidez el brazo para recoger la ceniza que caía  con su mano, cerrándola a continuación.

Y en ese mismo instante y al unisono con aquel movimiento los rosados dedos de la aurora dejaron ver en la lejanía el sagrado río y casi tan lentamente como amanecía  se fue abriendo la mano brotando de ella una flor y una sonrisa de su boca.

Durante una época creí al pie de la letra esta historia.

Mas el tiempo como un río , cambia, borra y transforma el paisaje en el que nos movemos  y ahora que ya no creo en casi nada me hago preguntas …

¿Era este santón  un pobre hombre que se ganaba la vida con unos cuantos trucos de magia.?

¿Dado que raramente era tabaco lo que fumaba F.,…?

¿Pura invención estética con parábola interior que la justifica.?

¿Plagio de algún otro cuento que escuchó,  contándolo  como anécdota propia para captar mejor la atención de la audiencia.?

¿Son acaso todas las versiones anteriores ciertas y falsas a la vez, como con el Gato de Schrondinger …?

No tengo la respuesta, pero si me preguntaras que es lo que creo, lo primero que pensaría es que hizo todo eso para ligar alguna universitaria asistente a la conferencia…

“Dime, amor, cómo se atiza
una brasa en su penúltimo estertor…
Dime, amor, cuánto se atiza
para que renazca el brote de una flor
de una flor… de la ceniza,
flor de ceniza.”

Flor de Ceniza;

Luis Eduardo Aute

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